A principios de año, el FMI revisó las previsiones del crecimiento económico a la baja debido a la continua presión en la Eurozona. Estas dificultades también pesan en el panorama de otros países desarrollados, cuyas cifras generales de crecimiento apenas exceden el 1% en 2012. Pero si observamos los mercados emergentes, el contraste es espectacular, con un crecimiento aproximado para China del 8% o del 7% para la India. Puede que estemos entrando en un momento clave y esencial en la historia de la economía mundial. Mientras que los mercados emergentes se mueven hacia la convergencia, las economías desarrolladas están viendo su propio modelo de desarrollo, basado en el endeudamiento irresponsable, puesto en entredicho. Por el contrario, el momento positivo que disfrutan los mercados emergentes se fundamenta sobre ventajas estructurales a largo plazo como el crecimiento demográfico, los salarios competitivos y los costes laborares o las materias primas. Estas cualidades endógenas han ayudado y continuarán haciéndolo a los países emergentes a protegerse a sí mismos contra la crisis externa, ya que con la mitad de su actividad comercial llevada a cabo dentro de su propia área, disfrutan además de cierto grado de descorrelación con las economías desarrolladas. Algunos no dudan en afirmar que han entrado en su propia edad de oro.
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