El siguiente paso sería el establecimiento de una cooperación fortalecida entre los bancos más influyentes del mundo: la Reserva Federal americana, el Banco Central Europeo, el Banco de China, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra. Esto podría reducir la volatilidad global al permitir identificar y evaluar los riesgos globales inflacionarios y deflacionarios antes de que se materialicen.
Existe, por definición, un límite a la cooperación monetaria: los bancos centrales tienen que satisfacer su misión esencialmente doméstica y mantener su independencia. No obstante, la inflación ha tomado una naturaleza global que no puede dejarse a un lado. Dado que la inflación es un fenómeno más global que local, los bancos centrales encargados de la estabilidad de precios doméstica se beneficiarían, por tanto, de esta cooperación reforzada. Es cierto que se podría objetar que a día de hoy ya están cooperando bajo el paraguas del Banco de Pagos Internacionales. Sin embargo, en el ciclo previo hemos asistido a la creación de la mayor burbuja crediticia global hasta la fecha, a pesar de las serias advertencias hechas por este organismo.
Seamos realistas: el rechazo de los bancos centrales a coordinar sus políticas monetarias ha sido y es una actitud contraproductiva. En esta misma línea, una recomendación para considerar los factores de deflación o inflación global bajo el auspicio del BPI, si se hace desde los más altos niveles políticos, no haría ningún daño.
Aunque útiles, estos dos pasos empezarían solo a arañar la superficie de lo que es en realidad un asunto arraigado bastante en profundidad: que no es otro que la asimetría de un sistema monetario internacional basado en el dólar americano. En este sentido, solo una larga visión a largo plazo compartida por los líderes de las tres grandes regiones económicas podría restablecer el equilibrio en la economía mundial. Mientras que escorarse hacia una arquitectura monetaria global más equilibrada beneficiaría a todos, cada una de estas tres economías, Estados Unidos, la zona euro y China, se verán obligados a hacer concesiones.
En nuestra opinión, para reequilibrar la economía mundial, la Zona Euro y China deberán proporcionar vehículos de inversión sustituibles a los títulos del Tesoro estadounidense, eurobonos los primeros, bonos soberanos comercializados internacionalmente los segundos. Esto implica una pérdida de señoreaje para Estados Unidos. Ni China ni la Zona Euro pueden avanzar deprisa en esta cuestión. No obstante, se agradecería tener una hoja de ruta rumbo a un sistema monetario equilibrado para el 2020.
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